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True crime: por qué no podemos dejar de ver crímenes reales (y si deberíamos preocuparnos por eso)

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True crime: por qué no podemos dejar de ver crímenes reales (y si deberíamos preocuparnos por eso)

Hay una escena que muchos reconoceremos: son las once de la noche, tienes que madrugar, y llevas hora y media viendo un documental sobre un asesino en serie que nunca habías oído nombrar. No puedes apagarlo. Necesitas saber cómo termina, aunque ya sepas cómo termina porque el título del episodio te lo ha chivado.

El fenómeno true crime —documentales, podcasts y series basadas en crímenes reales— lleva más de una década creciendo sin freno. En España hemos visto cómo casos como el de Marta del Castillo o el crimen de los marqueses de Urquijo volvían a la primera línea mediática empujados por producciones que los reempaquetaban para una nueva generación. Y en ForosEDG hemos tenido más de un hilo largo debatiendo si esto está bien, si nos estamos pasando, o simplemente qué narices nos pasa a todos.

El gancho psicológico: no es solo morbosidad

Lo primero que hay que desmontar es la idea de que quien consume true crime lo hace únicamente por morbo. La psicología tiene explicaciones bastante más sofisticadas.

Una de las teorías más sólidas apunta al sistema de amenaza-respuesta. Nuestro cerebro está programado para prestar atención a situaciones de peligro, especialmente cuando involucran a otras personas. Ver un documental sobre un crimen es, desde un punto de vista evolutivo, una forma de aprender sobre amenazas reales desde la seguridad del sofá. Identificamos patrones, reconocemos señales de alerta, procesamos cómo alguien en una situación aparentemente normal acabó en una tragedia.

Otro factor es la narrativa y la resolución. Los crímenes, por muy perturbadores que sean, tienen estructura de historia: hay un principio, un conflicto y, en el mejor de los casos, un desenlace con responsables identificados. Eso satisface una necesidad cognitiva muy básica: la de que las cosas tengan sentido. En un mundo que a menudo no lo tiene, un caso cerrado da cierta ilusión de orden.

Y luego está el componente empático. Muchos espectadores —especialmente mujeres, que son el grupo demográfico más fiel al género— describen su consumo de true crime como una forma de dar visibilidad a víctimas que de otro modo habrían sido olvidadas. No es una racionalización vacía: hay casos reales en los que la presión de comunidades online ha llevado a reabrir investigaciones o a identificar restos no reclamados.

Las preguntas éticas que nadie quiere hacerse

Pero reconocer el atractivo psicológico no resuelve las tensiones éticas, y aquí es donde el debate se pone interesante.

¿A quién pertenece la historia de una víctima? Cuando una plataforma produce una serie sobre un asesinato, convierte el peor momento de la vida de alguien —y de su familia— en producto de consumo. Algunas familias han dado su consentimiento y participan activamente. Otras no, y han tenido que ver cómo el dolor de su ser querido se convertía en material de entretenimiento sin que nadie les preguntara.

Este debate ha llegado con fuerza a España con producciones recientes que han revisitado casos mediáticos. Y la reacción no ha sido uniforme: hay quien agradece que se saque a la luz información nueva, y quien considera que es una explotación disfrazada de periodismo.

Luego está la cuestión del tratamiento del perpetrador. El género tiene una tendencia problemática a construir a los asesinos como personajes fascinantes, casi carismáticos. El caso de Jeffrey Dahmer con la serie de Netflix generó un debate global sobre si ciertos enfoques narrativos no están, en el fondo, glorificando lo que pretenden condenar. Cuando el asesino tiene más minutos en pantalla que las víctimas, algo falla.

La espectacularización del sufrimiento es otra línea roja que el género cruza con frecuencia. Reconstrucciones dramatizadas, música tensa, cliffhangers al final de cada episodio... son técnicas que funcionan muy bien narrativamente pero que convierten tragedias humanas en herramientas de retención del espectador. ¿Estamos bien con eso?

Las comunidades que nacen alrededor del crimen

Uno de los aspectos más llamativos del fenómeno true crime es la dimensión comunitaria. Hay foros, grupos de Reddit, canales de YouTube y cuentas de TikTok dedicadas íntegramente a analizar casos, compartir teorías y debatir evidencias. Algunas de estas comunidades han hecho aportaciones genuinas a investigaciones. Otras han señalado a inocentes y han generado un daño real.

En ForosEDG hemos visto de cerca cómo estos debates pueden ser apasionantes y constructivos, pero también cómo pueden degenerar cuando la línea entre analizar y juzgar se difumina. La diferencia entre «discutir un caso con rigor» y «linchar a un sospechoso en internet» a veces es solo cuestión de temperatura emocional.

Las comunidades más sanas de true crime son las que mantienen el foco en la víctima, exigen precisión antes de señalar a nadie y reconocen abiertamente los límites de lo que un espectador externo puede saber. Las más problemáticas son las que funcionan como jurados populares con acceso a redes sociales.

¿Estamos consumiendo de forma responsable?

No hay una respuesta única, pero sí hay algunas preguntas que vale la pena hacerse:

Un género que no va a desaparecer

El true crime seguirá creciendo porque responde a necesidades humanas reales: curiosidad, necesidad de entender el mal, empatía con las víctimas, deseo de justicia. No es un fenómeno nuevo —los pliegos de cordel del siglo XVII ya vendían relatos de crímenes en las plazas— pero sí ha alcanzado una escala y una sofisticación sin precedentes.

Lo que sí podemos hacer, como comunidad de espectadores y debatidores, es exigir más de las producciones que consumimos. Más rigor, más respeto por las familias, menos glorificación de los perpetradores y más honestidad sobre los límites entre periodismo y entretenimiento.

Y, por supuesto, seguir hablando de ello. Porque este es exactamente el tipo de debate que hace que una comunidad como ForosEDG tenga sentido: no para llegar a una conclusión definitiva, sino para pensar en voz alta con gente que tiene perspectivas distintas a la tuya.

¿Tú qué opinas? ¿Consumes true crime con conciencia o simplemente te engancha y punto? El hilo está abierto.

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